mecanismos de resistencia a los antibióticos mapa mental
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Este recurso explica los principales mecanismos por los que las bacterias resisten la acción de los antibióticos: inactivación enzimática del fármaco, modificación del objetivo molecular, reducción de la permeabilidad de la pared celular y expulsión activa mediante bombas de efflux. Se abordan también la transferencia horizontal de genes mediante plásmidos y la importancia del uso prudente de antibióticos en salud humana y veterinaria, con ejemplos como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina.
Cómo funciona la inactivación enzimática
La inactivación enzimática es uno de los mecanismos más extendidos. Las beta-lactamasas rompen el anillo beta-lactámico de penicilinas, cefalosporinas y carbapenems, dejando el antibiótico sin actividad. Existen muchas variantes: las BLEE (beta-lactamasas de espectro extendido) hidrolizan también cefalosporinas de tercera generación, y las carbapenemasas inactivan incluso los carbapenems, antibióticos de último recurso. Los aminoglucósidos sufren modificaciones químicas por enzimas bacterianas que añaden grupos fosforilo, acetilo o adenilo, impidiendo su unión al ribosoma. Una estrategia clínica frente a esto es combinar el antibiótico con un inhibidor de la enzima, como el ácido clavulánico, aunque algunas enzimas recientes también degradan estos inhibidores.
Modificación del objetivo y bombas de efflux
La modificación del objetivo consiste en alterar la molécula a la que se une el antibiótico sin perder su función normal. Un ejemplo clásico es la PBP2a del Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA), una proteína de baja afinidad que permite seguir sintetizando la pared celular pese al fármaco. Otra vía es la metilación del ARN ribosómico, que impide la unión de macrólidos. Las bombas de efflux, por su parte, expulsan activamente el antibiótico antes de que alcance su concentración eficaz; suelen tener amplio espectro de sustratos, lo que genera resistencia simultánea a varias familias de antibióticos y desinfectantes.
Transferencia horizontal: cómo se propaga la resistencia
La resistencia no solo surge por mutación en la propia bacteria: puede adquirirse de otras. Los plásmidos, moléculas de ADN circulares que se replican de forma independiente, transportan genes de resistencia y se transfieren por conjugación, incluso entre especies distintas. Los transposones permiten que estos genes salten entre plásmidos y el cromosoma, y los integrones los agrupan en casetes que se acumulan, generando bacterias multirresistentes. Esto explica la velocidad de propagación global: un gen surgido en una enterobacteria intestinal puede llegar a patógenos de otros continentes en poco tiempo, favorecido por el uso de antibióticos en hospitales, ganadería y el medio ambiente.
Prevención y uso prudente
La resistencia es un proceso evolutivo por selección natural: los antibióticos eliminan las bacterias sensibles y dejan ventaja a las resistentes, que se multiplican. Por eso la prevención se centra en reducir la presión selectiva: prescribir solo cuando es necesario, respetar dosis y duración, no usar antibióticos frente a infecciones víricas y limitar su empleo como promotores del crecimiento en ganadería. En los hospitales, la higiene de manos y el control de brotes frenan la transmisión de cepas resistentes. La OMS considera la resistencia antimicrobiana una de las principales amenazas para la salud pública mundial, y el desarrollo de nuevos antibióticos es lento, lo que hace aún más valioso conservar los existentes.
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Preguntas de repaso
¿Qué diferencia hay entre resistencia natural y resistencia adquirida?
La resistencia natural es una característica intrínseca de una especie bacteriana, como la barrera de la pared de micobacterias frente a muchos fármacos. La resistencia adquirida surge por mutación o por incorporación de genes de otras bacterias mediante transferencia horizontal, y aparece en cepas que antes eran sensibles.
¿Por qué los plásmidos son clave en la propagación de la resistencia?
Porque transportan varios genes de resistencia a la vez y pueden transferirse por conjugación entre bacterias distintas, incluso de especies diferentes. Combinados con transposones e integrones, permiten que la resistencia se dispare mucho más rápido que por mutación espontánea.
¿Qué es el MRSA y por qué es un problema clínico?
Es el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina. Posee la proteína PBP2a, con baja afinidad por las beta-lactámicos, lo que hace ineficaces a la meticilina y otros antibióticos de esa familia. Suele quedar solo tratado con antibióticos de reserva como la vancomicina, con más efectos adversos y coste.