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Comprender el tema

Las teorías de la agresión en psicología explican por qué las personas agreden y bajo qué condiciones. Este recurso organiza las explicaciones biológicas y evolutivas, la teoría del instinto, la frustración-agresión, la teoría del aprendizaje social de Bandura y los modelos cognitivos como el script. Permite comparar enfoques, identificar sus diferencias sobre el origen de la agresión y aplicar los conceptos a ejemplos cotidianos y experimentos clásicos.

Del instinto al aprendizaje
Las primeras explicaciones concebían la agresión como algo innato. Freud la entendió como un impulso interno que necesitaba descarga, y Konrad Lorenz la describió como un instinto de especie con función adaptativa. Ambas propuestas, conocidas como teorías hidráulicas, fueron muy criticadas porque no se apoyaban en evidencia experimental sólida. A partir de los años treinta, el conductismo desplazó el foco hacia el entorno: la agresión se aprendería como cualquier otra conducta. Este cambio preparó el terreno para la hipótesis de la frustración-agresión y, más tarde, para el enfoque cognitivo-social de Bandura, que integra el aprendizaje observacional con los procesos de pensamiento.

La hipótesis de la frustración-agresión
En 1939, John Dollard y sus colaboradores propusieron que la agresión es siempre consecuencia de la frustración, entendida como el bloqueo de una meta, y que la frustración siempre produce agresión. La segunda parte resultó demasiado fuerte: la frustración puede generar miedo, huida o depresión en lugar de agresión. Leonard Berkowitz revisó la hipótesis en 1989 y sostuvo que la frustración genera afecto negativo, y que este solo desemboca en agresión cuando hay claves agresivas presentes, como armas, o cuando la persona ha aprendido respuestas agresivas. Esta versión revisada es la que se acepta habitualmente en los manuales de psicología social.

El experimento del muñeco Bobo
En 1961, Albert Bandura realizó el experimento del muñeco Bobo con niños de edad preescolar. Los niños observaban a un adulto que agredía al muñeco inflable, y después tendían a reproducir las mismas conductas agresivas, incluso con variantes nuevas. Un grupo de control que no observaba el modelado agresivo mostraba mucha menos agresión. El experimento apoyó la idea de aprendizaje por observación sin refuerzo directo, aunque recibió críticas: se estudió una conducta breve hacia un juguete diseñado para golpear, en un contexto de laboratorio, por lo que su generalización a la agresión real debe hacerse con cautela.

Comparar y aplicar los enfoques
Cada teoría destaca un nivel de análisis distinto: las biológicas, los sustratos internos; la frustración-agresión, la situación inmediata; el aprendizaje social, la historia de refuerzos y modelos; y los modelos cognitivos, la interpretación de la situación. En la práctica se complementan. Por ejemplo, el alcohol no causa agresión por sí solo, pero reduce la inhibición y facilita que actúen sesgos como la atribución hostil, según la cual se interpreta un tropiezo accidental como un ataque intencionado. Comprender estos mecanismos ayuda a diseñar intervenciones, como enseñar respuestas alternativas o reducir las claves agresivas del entorno.

Preguntas de repaso

¿En qué se diferencian la agresión hostil y la instrumental?

La agresión hostil surge de la ira y tiene como fin dañar; la instrumental es un medio para conseguir otro objetivo, como robar o intimidar. La distinción es analítica, porque en la conducta real pueden mezclarse ambos componentes.

¿Qué demostró el experimento del muñeco Bobo de Bandura?

Que los niños pueden aprender conductas agresivas por simple observación de un modelo, sin recibir refuerzo directo. Sus resultados apoyan la teoría del aprendizaje social, aunque se han criticado por realizarse en laboratorio y con un juguete diseñado para golpear.

¿Por qué se revisó la hipótesis original de la frustración-agresión?

Porque la versión de 1939 afirmaba que toda frustración produce agresión, y la evidencia mostró que la frustración puede provocar otras respuestas. Berkowitz propuso en 1989 que la frustración genera afecto negativo, que solo deriva en agresión si existen claves agresivas o aprendizaje previo.