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Comprender el tema

La absorción de nutrientes es el proceso por el cual el organismo incorpora glucosa, aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas, minerales y agua desde el tubo digestivo hacia la sangre y la linfa. Ocurre sobre todo en el intestino delgado, cuya gran superficie de absorción, con pliegues, vellosidades y microvellosidades, favorece el intercambio. Los nutrientes atraviesan las células epiteliales mediante transporte activo, difusión facilitada o difusión simple, y el hígado los procesa antes de distribuirlos por el cuerpo.

Por qué el intestino delgado es el protagonista
El intestino delgado concentra la mayor parte de la absorción gracias a su arquitectura. Los pliegues circulares de la mucosa, las vellosidades intestinales y las microvellosidades del borde en cepillo multiplican la superficie de intercambio, que se estima en torno a los 30 metros cuadrados en un adulto. Además, la pared es muy delgada, de modo que los nutrientes solo tienen que atravesar una distancia mínima hasta los capilares sanguíneos o los vasos quilíferos. Cada tramo tiene especializaciones: el duodeno recibe las secreciones pancreáticas y biliares y absorbe hierro y calcio, mientras que el íleon absorbe la vitamina B12 y las sales biliares, que se reutilizan. La mayor parte de los nutrientes absorbidos en el intestino delgado no pasa directamente a la circulación general: viaja por la vena porta hepática hasta el hígado. Allí la glucosa puede almacenarse como glucógeno, los aminoácidos se transforman o se emplean para sintetizar proteínas, y las sustancias potencialmente tóxicas se detoxifican. Esta disposición permite que el hígado regule los niveles de glucosa y otros metabolitos antes de que lleguen al resto del organismo. Una excepción importante son los quilomicrones, que transportan las grasas reabsorbidas por la linfa y alcanzan la sangre a través del conducto torácico, sin pasar primero por el hígado. Los nutrientes cruzan el epitelio intestinal mediante varios mecanismos. La glucosa y los aminoácidos emplean transporte activo secundario, acoplado al gradiente de sodio generado por la bomba sodio-potasio, lo que permite absorberlos incluso contra gradiente. La fructosa y algunos productos de la digestión usan difusión facilitada con proteínas transportadoras específicas. El agua y las moléculas liposolubles atraviesan la membrana por ósmosis y difusión simple, respectivamente. La elección del mecanismo depende de la solubilidad, el tamaño y la concentración de cada sustancia, por lo que varios procesos actúan a la vez. Las alteraciones de la absorción, conocidas como síndromes de malabsorción, muestran la importancia de cada etapa del proceso. La enfermedad celíaca daña las vellosidades del intestino delgado por reacción al gluten, reduciendo la superficie disponible y provocando déficits de hierro, calcio y vitaminas. La deficiencia de factor intrínseco impide absorber la vitamina B12 y puede causar anemia. La falta de sales biliares dificulta la digestión de las grasas y produce heces con contenido lipídico abundante. Estos ejemplos ilustran que la absorción depende tanto de la estructura intestinal como de las secreciones digestivas auxiliares.

Preguntas de repaso

¿Dónde se absorbe la mayor parte de los nutrientes?

En el intestino delgado, especialmente en el yeyuno y el duodeno. Sus pliegues, vellosidades y microvellosidades multiplican la superficie de absorción. El colon solo absorbe agua, sales y algunos productos de la microbiota.

¿Por qué las grasas no viajan directamente por la sangre desde el intestino?

Los triglicéridos reconstituidos se empaquetan en quilomicrones, demasiado grandes para los capilares sanguíneos, por lo que entran en los vasos quilíferos de la linfa y llegan a la sangre a través del conducto torácico.

¿Qué papel juega el hígado tras la absorción?

Los nutrientes absorbidos hacia la sangre llegan al hígado por la vena porta, donde se procesan, almacenan o liberan según las necesidades del organismo, lo que ayuda a mantener estables los niveles de glucosa y otros metabolitos.